
¡Pobrecillas!, se repetía
mientras calentaba el agua para escaldarlas
Las manos emplumadas
¡Pobrecillas!, repetía
buscando de donde tirar
Las patas, tan elegantes
Las alas con su recovecos
Descubriendo la intimidad de la piel
La herida desgarrada
Hay que hacerlo
no van a morir
en vano
Y ahora, el cuchillo grande
afilarlo, se dice
temerosa de los huesos
CRASSH
YA ESTÁ.
EN ESCABECHE.
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