
¿Acaso te imaginas a un último superviviente sobre la tierra escribiendo un libro?
-Lo escribiría para Dios -sonrió Pepe Orozco.
¿Tú escribes para divertir los ocios de Dios, Pepe? yo no; yo escribo para que me lean hombres de carne y hueso, falibles y perecederos. Además -agregué, cambiando el tono de vehemente a burlesco-, además, mira, no creo yo, como creía, cuitado el emperador Carlos V, que el español sea el idioma para hablar con Dios. Quién sabe, incluso, si Dios no será analfabeto y sólo capaz de leer en los corazones..."
Cuentos de Macacos