Blog da Biblioteca do IES de Curtis: Semana Santa
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7/4/09

Manuel Torre



Manuel Torre es uno de los cantaores geniales, comparable sólo con don Antonio Chacón, Aurelio Sellés y pocos más. No se limitó a imitar a los cantaores ya consagrados, sino que con su creatividad llevó la mayoría de los palos que tocó a su forma actual y puso las bases de la escuela jerezana. Las seguiriyas de Torre siguen siendo las preferidas por el público y los cantaores; los campanilleros, de origen religioso, quedaron definitivamente incorporados en el repertorio flamenco; el fandango alcanzó, desde su matiz regional, su total aflamencamiento y está considerado actualmente como uno de los estilos más difíciles; tampoco puede olvidarse su aportación a los tangos-tientos, hoy llamados tientos; y destacan, sobre todos los palos, sus interpretaciones de saetas, a las que dotó de intensidad, dramatismo y sentimiento excepcionales.Trabajó y colaboró con otras figuras del momento: Enrique El Mellizo, que también fue su maestro durante una breve temporada, Antonio Chacón, El Gloria, Manolo Caracol, Pepe Marchena, Niño Medina, La Niña de los Peines. Fue elogiado ya en vida por sus compañeros de profesión y por los intelectuales. Fue especialmente admirado por la Generación del 27, como Lorca, Alberti o Ignacio Sánchez Mejías. Participó, como invitado, en el Concurso del Cante Jondo de Granada, organizado por Lorca, Falla, Turina... en 1922.
Rocio Jurado

Saeta


Mecedla bien, costaleros;
que no se mueva un clavel,
no vaya a descoyuntarse
la tibia y el peroné

Semana Santa en Toledo


"Las imágenes de las andas se dibujan confusas y asemejan gentes vivas que miran y ven con sus ojos de vidrio, causando la impresión de algo que, semejante a la visión del sueño, flota entre el mundo real y el imaginario; el Cristo del Descendimiento, se balancea suspendido en el aire; las ropas de los que lo bajan se agitan al soplo del viento; la ilusión es completa".
Bécquer

Saeta


Tan sin mancha el mundo os ve
que si no es de fe el misterio,
tiene en las almas imperio
como misterio de fe.
Que es de amor poco cabal
el que os llama y apellida
negar que soís concebida
Sin Pecado Original

El Cristo de la Vega



En su desesperación, sólo vio un camino para salir de la situación en que se encontraba, aunque podía ser un peligro, pues era dar a luz pública su conflicto y deshonor; pero en realidad las murmuraciones en la ciudad no cesaban y todo el mundo hablaba de su caso. Tomada la decisión acudió al Gobernador de Toledo, que a la sazón lo era don Pedro Ruiz de Alarcón, y le pidió justicia. Después de escuchar sus quejas, el viejo dignatario le pidió algún testigo que corroborase su afirmación, mas ella ninguno tenía. Don Pedro hizo acudir ante su tribunal a Diego Martínez y al preguntarle, éste negó haber jurado casamiento a Inés. Ella porfiaba y él negaba. No había testigos y nada podía hacer el gobernador. Era la palabra de¡ uno contra la de¡ otro.En el momento en que Diego iba a marcharse con gesto altanero, satisfecho después de que don Pedro le diera permiso para ello, Inés pidió que lo detuvieran, pues recordaba tener un testigo. Cuando la joven dijo quién era ese testigo, todos quedaron paralizados por el asombro. El silencio se hizo profundo en el tribunal y, tras un momento de vacilación y de una breve consulta de don Pedro con los jueces que le acompañaban en la administración de justicia, decidió acudir al Cristo de la Vega a pedirle declaración.Al caer el sol se acercaron todos a la vega donde se halla la ermita. Un confuso tropel de gente acompañaba al cortejo, pues la noticia de¡ suceso se había extendido como la pólvora por la ciudad. Delante iban don Pedro Ruiz de Alarcón, don lván de Vargas, su hija Inés, los escribanos, los corchetes, los guardias, monjes, hidalgos y el pueblo llano. «Otra turba de curiosos en la vega aguarda", entre los que se encontraba Diego Martínez «en apostura bizarra".Entraron todos en el claustro, "encendieron ante el Cristo cuatro cirios y una lámpara" y se postraron de hinojos a rezar en voz baja. A continuación un notario se adelantó hacia la imagen y teniendo a los dos jóvenes a ambos lados, en voz alta, después de leer "la acusación entablada” demandó a Jesucristo como testigo:"¿Juráis ser cierto que un día, a vuestras divinas plantas, juró a Inés Diego Martínez por su mujer desposarla?"Tras unos instantes de expectación y silencio, el Cristo bajó su mano derecha, desclavándola del madero y poniéndola sobre los autos, abrió los labios y exclamó: -Sí, juro».Ante este hecho prodigioso ambos jóvenes renunciaron a las vanidades de este mundo y entraron en sendos conventos.
José Zorrilla
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