Blog da Biblioteca do IES de Curtis

16/4/10


Luego lo de Madrid, el viaje de novios, que me hiciste pasar una humillación que no veas, un desprecio así, que empiezo por reconocer que estaba asustada, que sabía que tenía que pasar algo raro, por lo de los hijos, a ver, pero creí que era una vez sólo, palabra de honor, y estaba resignada, te lo juro, sea lo que sea, pero tú te acostaste y "buenas noches", como si te hubieras metido en la cama con un carabinero, figúrate, tanto control, tanto control, que ni a Valen se lo he contado.
Y no es que me cogiera de nuevas ni mucho menos, que siempre he oído decir que la noche esa es de campeonato, que no se disfruta, que es un trago, pero no sé de nadie, ni de uno, fíjate, que se diese media vuelta y buenas noches.
Y no me vengas con que por respeto y que hay ocasiones en que hay que dominar al bruto, porque nos duela o no, animales somos, Mario, y lo que es peor, animales de costumbres, que una mujer por muy sanos principios que tenga, en una situación así acepta antes una brutalidad que un desprecio, y a mí ya me conoces. Lo de la noche de bodas, Mario, te pongas como te pongas, es algo que no olvidaré por mil años que viva

1 comentario:

Biblioteca Sarmiento dijo...

La conducta ideal matrimonial y sexual de Carmen se nutre de imágenes ficticias y de referentes externos, especialmente de su amiga Valen, y que Carmen intenta adaptar en vano a su relación matrimonial con Mario. Esta frustración empieza en la noche de bodas cuando Mario se da la vuelta y se pone a dormir, humillando de nuevo a Carmen la cual lo recordará infinidad de veces en el relato:

Carmen estaba asustada sin saber el motivo real porque “sabía que tenía que pasar algo raro” (113) y porque la educación de la época señala que la mujer tiene que ser inocente e ignorante respecto al sexo y llegar a la noche de bodas con esta ignorancia. En este sentido Carmen siguió las reglas sociales y de género pero Mario no, de ahí la humillación de Carmen. Al estar enfrentada a una situación para la que no estaba preparada, Carmen se quedó sin saber como reaccionar a la vez que se sintió insultada por su propio marido. La importancia de la noche de bodas se repetirá a lo largo de todo el libro y Carmen no perdona a Mario por el desprecio que le hizo. De nuevo Carmen entra dentro de la retórica oficial según la cual la noche de bodas es un mal trago para la mujer, pero necesario:

Según predicaba la doctrina oficial, la noche de bodas se consideraba como la meta final de una serie de sacrificios por parte de la mujer honrada. Sin embargo, Mario no cumplió con las expectativas de género ni las de Carmen, dando paso al principio de su frustración sexual y marital de ella. De hecho, Carmen entra de lleno en la propaganda oficial al clasificar a las mujeres de forma maniqueísta: "[Q]ue lo que pasa es que entre una perdida y una mujer decente todavía hay distancia y, en el fondo, todavía queda algo digno en vosotros y es lo que sale a flote cuando os casáis, ni más ni menos, ni menos ni más" (112). La noche de bodas es el episodio que sigue al noviazgo y que culmina en el matrimonio y Carmen no es una excepción a la regla. Para Carmen el noviazgo es el paso decisivo para una mujer ya que, en la época, el matrimonio es el único futuro que tiene y de ahí la importancia del ritual: "[É]ramos solteros entonces, estaría bueno, pero, si mal no recuerdo, llevábamos hablando más de dos años y unas relaciones así son respetables para cualquier mujer, Mario"
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