Blog da Biblioteca do IES de Curtis: Día internacional de la poesía

21/3/10

Día internacional de la poesía


Conversación telefónica

El precio parecía razonable, la ubicación
indiferente. La patrona juró que vivía
fuera de casa. No quedaba
sino la autoconfesión. "Señora", le advertí,
"Detesto los viajes inútiles; soy africano".
Silencio. Transmisión silenciada
de urbanidad en apuros. La voz cuando llegó,
cubierta de lápiz labial, larga boquilla
bañada en oro me derrotó. Estaba vilmente atrapado.
"¿Cómo de oscuro?"... Había oído bien...
"Es usted claro
o muy oscuro" Botón B. Botón A. Hedor
de aliento rancio de teléfono público.
Cabina roja. Buzón rojo. Ómnibus de dos pisos
rojo que aplasta el alquitrán.
¡Era cierto! Avergonzado
por mi descortés silencio, la rendición
me empujó confundido a pedir que simplificara.
Fue considerada, variando en énfasis:
"Es usted oscuro o muy claro" La revelación sobrevino.
"Quiere usted decir chocolate puro o con leche?"
Su asentimiento fue clínico, demoledor en su leve
impersonalidad. Rápidamente, sintonizada onda,
elegí "Sepia de África Occidental", y como reflexión tardía,
"Consta en mi pasaporte". Silencio para un espectroscópico
vuelo de la imaginación, hasta que la verdad hizo resonar su
acento
con dureza en el teléfono. "¿Qué es esto?" concediendo
"No sé lo que es eso". "Trigueño".
"Oscuro entonces, ¿no es así?" "No exactamente.
Soy de rostro trigueño, señora, pero debería usted ver
lo demás. La palma de mi mano y las plantas de mis pies
son de un rubio oxigenado. La fricción -tontamente
causada, señora, de tanto estar sentado- ha vuelto
mi trasero negro cuervo. ¡Un momento, señora!"
Al percibir su receptor alzándose sobre el trueno
en mis oídos, "Señora", supliqué, "¿no sería mejor
que usted me viera?"

Festival de poesía de Medellín

1 comentario:

Biblioteca Sarmiento dijo...

TELEPHONE CONVERSATION

The price seemed reasonable, location
Indifferent. The landlady swore she lived
Off premises. Nothing remained
But self-confession. “Madam,” I warned,
“I hate a wasted journey–I am African.”
Silence. Silenced transmission of
Pressurized good-breeding. Voice, when it came,
Lipstick coated, long gold-rolled
Cigarette-holder pipped. Caught I was foully.
“HOW DARK?” . . . I had not misheard . . . “ARE YOU LIGHT
OR VERY DARK?” Button B, Button A.* Stench
Of rancid breath of public hide-and-speak.
Red booth. Red pillar box. Red double-tiered
Omnibus squelching tar. It was real! Shamed
By ill-mannered silence, surrender
Pushed dumbfounded to beg simplification.
Considerate she was, varying the emphasis–
“ARE YOU DARK? OR VERY LIGHT?” Revelation came.
“You mean–like plain or milk chocolate?”
Her assent was clinical, crushing in its light
Impersonality. Rapidly, wave-length adjusted,
I chose. “West African sepia”–and as afterthought,
“Down in my passport.” Silence for spectroscopic
Flight of fancy, till truthfulness clanged her accent
Hard on the mouthpiece. “WHAT’S THAT?” conceding
“DON’T KNOW WHAT THAT IS.” “Like brunette.”
“THAT’S DARK, ISN’T IT?” “Not altogether.
Facially, I am brunette, but, madam, you should see
The rest of me. Palm of my hand, soles of my feet
Are a peroxide blond. Friction, caused–
Foolishly, madam–by sitting down, has turned
My bottom raven black–One moment, madam!”–sensing
Her receiver rearing on the thunderclap
About my ears–”Madam,” I pleaded, “wouldn’t you rather
See for yourself?”

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